¡BIENVENIDOS!

He creado este blog porque a menudo he pensado que era un bicho raro y que nadie me entendía. Seguro que hay más gente que padece obesidad y que tiene ganas de cuidarse y de cuidar su aspecto pese a sus quilos de más, de ser feliz y vital digan lo que digan. Si ese es vuestro caso, o simplemente os pica la curiosidad, ¡bienvenidos!

lunes, 11 de enero de 2016

Salgo del armario

Hoy salgo del armario a mi manera. Quiero explicar que me he sometido a una reducción de estómago, una decisión que no fue fácil y que ha supuesto un esfuerzo mayor al que muchos imaginan. La gente de mi entorno más cercano, que de un modo u otro comparte alguna parte de mi día a día ya lo sabe porque intento explicarlo y naturalizarlo al máximo, pero quería atreverme a contarlo.

De mis intentos fallidos antes de llegar a esta decisión, de mis motivos y de las consecuencias físicas que hay detrás de la operación puede que hable otro día, si me apetece, si me veo capaz y si creo que puede servir de ayuda a alguien. Hoy, sin embargo, me interesa hablar de lo que supone a nivel de identidad haber perdido tanto peso, tanto por lo que para mí significa ser “yo” ahora, como por lo que percibo en la gente que me rodea.

Los que me conocen saben que intento decir las cosas buenas que veo en la gente, y que igual que les regalo los oídos (nunca con nada que no piense realmente), si me piden opinión sincera la digo, intentando siempre no ofender con ello. Reconozco también que soy muy susceptible cuando recibo críticas negativas sobre mi peso sin haberlas pedido y debería aprender a relativizar, pero es que me parece muy gratuito.

¿Por qué hago hincapié en esto? Pues porque cuando pierdes peso, la gente se cree con el derecho de criticar lo que hacías mal, a veces incluso sin darse cuenta de que lo están haciendo, como si no lo supieras ya y no te sintieras suficientemente culpable, como si no fueras todavía la misma persona y en realidad estuvieran poniendo verde a alguien que no está escuchando la conversación. Sinceramente, en ninguna de las ocasiones en las que esto me ha sucedido, he sentido que la otra persona me lo estuviera diciendo con la más mínima mala intención. Más bien al contrario, es su manera de premiar, en contraposición a lo que antes hacías mal, lo que ahora haces bien. Pero duele igual, porque no es lo mismo que te digas a ti mismo lo que ya sabes, que el hecho de que te lo digan los demás.

Hay una frase que me gusta mucho de Lewis Carroll, autor de “Alícia en el país de las maravillas”, que dice: “Sabía quién era esta mañana, pero he cambiado varias veces desde entonces”. Para mí explica perfectamente cómo me siento. Cada experiencia que vivimos, cada fracaso, cada éxito, cada aprendizaje, determina quienes somos en el presente. Igual que cada segundo cambia mi versión de mí misma, sigo siendo la misma persona que en cualquier momento anterior. Por eso nos pueden seguir doliendo las cosas del pasado por mucho que cambie nuestro presente. Por eso me siguen doliendo las referencias a mi peso anterior por muy diferente que sea al de ahora.

No sé si me he explicado, tal vez me haya centrado demasiado en lo que todavía me cuesta de la nueva identidad que da el hecho de haber perdido tanto peso. Se vive de otro modo, con unas comodidades que no tenía y más contenta con mi aspecto físico, sí; con problemas nuevos y conservando inquietudes que pensaba (esperaba) que se fueran con los quilos, también.



Esta foto fue tomada pocos meses antes de someterme a la operación de reducción de estómago. La miro hoy y me sigo viendo a mí misma en esa foto. Estoy contenta de, pese a las dificultades que mi físico suponía, haber luchado por verme bien, por tener dignidad y ganas de quererme, no perder la coquetería. Estoy contenta también de recordar que pese a lo difícil que era tener una autoestima fuerte (esto todavía cuesta ahora), no me rendía e intentaba constantemente no dejarme condicionar por mis miedos e inseguridades.


Estoy orgullosa de la chica de la foto. Hoy, con cuarenta quilos menos, puedo decir con la cabeza bien alta, que esa chica SOY yo.  

martes, 7 de julio de 2015

Gordofobia

Antes de empezar, pido disculpas por los meses de silencio. No quería escribir cualquier cosa para rellenar espacios y no encontraba el momento para dedicar el tiempo que este tema merecía.

Durante este descanso varias personas me han escrito recomendándome artículos que hablaban de la gordofobia o la obesofobia, y me he estado informando, más allá de lo que obviamente he vivido en mi propia piel tantas y tantas veces. Uno de los que más me impresionó utilizaba el buscador de Google como ejemplo gráfico de la cantidad de prejuicios negativos que existen en la sociedad sobre la gente obesa, simplemente poniendo “las chicas gordas son” en el buscador y dejando que Google acabe la frase con lo más buscado al respecto. Se me ponía la piel de gallina, no solamente de verlo, sino de reconocer en ello complejos que siempre he tenido, no porque piense que cumplo esos prejuicios, sino porque pienso que es la imagen que la sociedad tendrá de mí al primer vistazo.  

La obesidad es un problema de salud que como tal debe ser respetado, pero ser una persona sana no solamente se refleja en lo que se ve, sino en lo que se es, así que la gente que desprecia a alguien por su físico con el argumento de que no es sano, se olvida de que su juicio contribuye al deterioro de la salud mental de las personas obesas, que tan importante es para que mantengamos la esperanza, intención o fuerza para mejorar nuestra condición física.

Dicho esto, quiero centrarme en las numerosas campañas que se han realizado como defensa ante el obvio rechazo social que recibimos la gente con obesidad. No voy a hablar de quién tiene la razón, porque en el momento en que todos podemos argumentar lo que pensamos sin faltar a nadie, nuestra opinión debería ser respetada. No necesitamos estar todos de acuerdo, pero sí coexistir, respetarnos e intentar comprendernos mutuamente. Y lo digo porque, como afectada, me dolía ver como personas que se sentían tan ofendidas como yo argumentaban con ataques que me parecen del mismo bajo nivel, y que se extienden en el estado de ánimo común con el mismo peligro que los otros. Lejos de buscar soluciones, de mostrar a quien nos prejuzga lo que valemos, entramos en la absurdidad de una batalla que desmonta nuestras teorías de belleza universal, de respeto o de tolerancia.

Los obesos tenemos que aceptar que la gran mayoría no queremos serlo, tenemos un problema de salud tanto físico como mental y, quien más quien menos, hemos intentado mil veces cambiarlo. Esto es un hecho, duro pero aceptable, y tenemos que luchar para que los que no lo hayan vivido o lo hayan superado comprendan que no a todo el mundo le resulta igual de fácil y que puede que lleguemos a un estado de paz con nosotros mismos a nivel de aceptación mental que es mucho más saludable que vivir constantemente odiando tu propio cuerpo. Como veis, estoy hablando en todo momento de salud, ya que pienso que para hacer bandera de unos cánones de belleza diversos y universales, no podemos presentarlo  partiendo de un autoengaño.


Esto no quita que defienda a capa y espada que toda persona es bella y que potenciar esa virtud depende, sobretodo, del amor que tenga hacia sí misma. Repito, eso también forma parte de ser una persona sana, y por ello trabajamos en este blog. 

Espero no tardar tanto en escribir la próxima vez! :-)

jueves, 15 de enero de 2015

Hablemos de gordura... con humor

Hoy no os voy a dar yo la charla, os la dará Ricardo Moure, el científico que colabora en el programa de Buenafuente, "En el aire". Verdades que tanto los obesos como a los que nos rodean deberíamos saber:

https://www.youtube.com/watch?v=fPG0xM-gofA 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Looks de Otoño

Dicen que más vale tarde que nunca, así que aquí lo tenéis. ¡Quería hacer un especial de looks de otoño y casi se nos pasa la temporada! Como mi objetivo es demostrar que todos y todas podemos sentirnos a gusto con ropa normal y que cada uno puede encontrar sus trucos, quise hacer unas fotos con diferentes combinaciones de ropa y complementos sencillos y asequibles y que las imágenes no fueran de revistas, sino reales, con ropa que tenía en mi armario. Dicho así suena fácil, pero no sabéis lo que me ha costado, las mil y una fotos que hemos hecho hasta que alguna me ha gustado… ¡vaya una estoy hecha para hacer un blog sobre seguridad en sí misma! Así que, por favor, ¡tened piedad con los resultados! ;-)

Dicho esto, ¡al trapo! A mí el otoño me transmite melancolía, no tristeza pero sí ese aire romántico de siempre, así que he buscado un look un poco bohemio para empezar. Como cuesta encontrar ropa original de mi talla, intento tirar de básicos y busco la originalidad en los complementos, mucho más fáciles de adaptar a mi volumen. En este caso, mallas marrones, botas camel montañeras, una camiseta en cualquier tono tierra tirando a neutro y dos complementos con carácter: un kimono en tonos granates y negros y una boina gris oscuro.


Para la segunda idea he aprovechado la misma base y he cambiado los complementos. Una falda granate, a juego con una chaqueta larga abierta del mismo tono y un gorro del mismo color tipo boina. El bolso pequeño con flecos acaba de completar el conjunto y hace juego con los zapatos.

Un look más casual es este otro. He utilizado unas mallas marrones estampadas con pequeñas flores y un jersey color mostaza para darle más color. Esta vez he escogido un bolso grande ya que para el día a día soy de las que acostumbro a llevar la casa a cuestas.

Y ya para conseguir un look más urbano, saliendo de los tonos tierra y entrando en los colores fríos más propios del invierno, he utilizado unos tejanos y un jersey azul eléctrico, con un foulard más claro en el cuello. En este caso me habría cambiado los zapatos por unas botas negras pero no estaba cerca de casa así que estos eran los que tenía. 

A parte de estas cuatro propuestas de looks completos, hay otros detalles que me gusta usar en otoño. Es la época perfecta para recurrir a los foulards (en la entrada anterior daba ideas de cómo ponérselos, aunque ya veréis que no soy precisamente una experta), maquillaje en tonos tierra y granates,

… y otros complementos como son las plumas,

… las hojas,

... y los gorros.


martes, 18 de noviembre de 2014

Foulards para el otoño

Una de las cosas que más me molesta de algunas marcas que hacen ropa de tallas grandes es que los estampados suelen ser muy de señora mayor, que no tengo nada en contra, pero ya me llegará, ¡no hace falta parecerlo a los 26! Así que me acabo ciñendo a los básicos y a veces puede quedar un look muy serio y aburrido. La manera más fácil de darle un toque de color para todas las tallas es usar complementos que vayan a juego o que contrasten.

Cada uno se sabe sus complejos y preocupaciones. En mi caso, prefiero centrar la atención en mi cara y cabeza, así que siempre utilizo complementos de pelo, pañuelos, y algún que otro gorro cuando me atrevo. Hay quien prefiere llevar bolsos llamativos o zapatos que destaquen, pero hoy nos centraremos en el foulard.

He buscado videos en youtube con maneras originales de ponérselos para que no nos aburramos. La mirada seductora a cámara os la podéis ahorrar, ¡que debe ser muy cansado ir con esos aires todo el día! ;-) Los colores de otoño dan mucho juego, ¡así que a ser creativos! Espero que os gusten y os animen a variar.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Qué no te gusta de tu cuerpo?

No, hoy no voy a soltar ninguna de mis parrafadas, os paso un link de un vídeo publicitario que lo dirá todo por mí. Una persona especial me lo pasó y enseguida supe que quería compartirlo con quienes leáis el blog. Es genial, corto y conciso, no como otras... ;-)

Espero que os haga pensar, pero sobretodo, que os haga sonreir. 

https://www.youtube.com/watch?v=cd6NcfFfEvs

martes, 4 de noviembre de 2014

Miedo Miedito

Todo el mundo tiene miedo a algo, aunque no sepa muy bien a qué, aunque diga que no, aunque no lo reconozca… Pienso que todos tenemos alguno y que en parte eso es sano, nos pone en estado de alerta, nos hace valorar lo que no queremos perder, nos activa para superar los obstáculos.

Eso sí, por absurdo y evidente que parezca, si queremos convivir con nuestros miedos o intentar superarlos, lo primero que hay que hacer es identificarlos, ponerles nombres y apellidos y llevárnoslos delante del espejo. Es entonces cuando hay que mirar a tus fantasmas a los ojos e intentar ver cómo te comportas cuando aparecen, que reacción sueles tener delante de tus miedos, qué te funciona y qué no.

Una vez hechas las presentaciones formales (señor miedo, aquí señor yo mismo), tus temores te pueden paralizar o pueden ser precisamente el motor que te empuje hacia adelante y, aunque parezca un tópico, depende únicamente de ti. No lo digo porque haya superado mis miedos, porque a veces parece que los coleccione, sino porque he comprobado mil veces que cuando es otro quien lo hace por ti o cuando lo tapas y haces como que no existe, no sólo no se van sino que reaparecen con más intensidad cuando menos te lo esperas.

En mi caso, durante el proceso de empezar a conocer a alguien o durante la evolución natural de cualquier relación social ya existente, me ayuda mucho hacer saber a los demás qué temores tengo, cómo y por qué reacciono a ellos, y eso ayuda a que me comprendan y a entenderme mejor a mí misma. Al principio pensé que eso me haría más vulnerable, pero con la experiencia me he dado cuenta de que poniendo las cartas sobre la mesa no sólo me anticipo a lo que pueda afectarme sino que puedo controlar mucho mejor las situaciones que antes habrían sido críticas.

No, no he conseguido superar mis miedos, ni mucho menos, pero sí convivir con ellos, encontrar mis propios límites e irlos superando a pasito de tortuga, sin prisa pero sin pausa. Para mí es un ejercicio de autoestima, cada vez que consigo valorarme a mí misma más que a mis miedos es un pequeño triunfo que me anima a seguirlo intentando, así que puedo afirmar sin duda alguna que vale la pena.